
El “sol naciente” no nació esta vez en Sudáfrica y fue opacado por los “guaraníes” quienes fueron perfectos en los tiros de penal. Nelson Valdez, Edgar Barreto y Enrique Vera, celebran luego del gol que le dio la victoria a Paraguay frente a Japón. Los paraguayos llegan a cuartos de final por primera vez en la historia.
El partido fue grande. Los equipos jugaron por el honor y ambos merecieron ganar. Pero las reglas son claras y uno solo tiene el privilegio de seguir haciendo historia.
Paraguay y Japón nos llevaron el partido más dramático que se ha jugado en Sudáfrica.
Fueron 120 minutos de juego, en donde ambas selecciones se entregaron hasta el final. Honda, Okazaki y Endo, pudieron desnivelar la balanza a favor de los “nipones”, pero no lograron concretar.
Santa Cruz y Cardozo también pudieron darle la gloria a la “albiroja” antes del final, aunque la zaga japonesa siempre estuvo atenta.
Con el cansancio sobre los hombros una sola sería la salida para este duelo que no encontró ganador en los 90 minutos reglamentarios, ni en los 30 del alargue. Los penales romperían el candado.
El árbitro lanzó su moneda al aire y la suerte fue echada. Paraguay dispararía primero y Kawashima, el portero japonés, intentaría cambiar el rumbo de la historia.
Barreto abrió la cuenta para Paraguay. Endo la igualó para los “nipones”. Lucas y Riveros, de Paraguay, anotaron sin problemas al igual que lo hizo Hasebe de Japón y el partido se ponía 3-2 a favor de los “guaraníes”. Entonces llegó una fuerte nube negra que opacó el brillo del “sol naciente”.
Komano se puso frente a la pelota, a 11 metros de Villar, el portero paraguayo. Esperó el silbatazo del árbitro, tomó distancia y disparó con brutalidad. Le pegó a la pelota con tanta potencia que ésta tomó vuelo y se estrelló en el larguero. Komano se tomó la cabeza consciente de que su error le costaría la vida en Sudáfrica a su selección.
Los “nipones” se unieron esperanzados en el milagro que nunca llegó. Luego de las anotaciones de Valdez y Honda, llegó Cardozo y con disparo sin potencia pero colocado, engañó por completo a Kawashima, y Paraguay gritó al cielo las gracias por poder clasificar a cuartos de final.

Los japoneses rompieron en llanto por lo que pudo ser y no fue. También los paraguayos lloraban, pero de alegría por darle a su país un momento único en la historia de Paraguay.




